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Neil Lorcan Whittingslow.

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Neil Lorcan Whittingslow.

Mensaje por Neil L. Whittingslow el Dom Nov 20, 2011 9:36 pm



it's "whit-tings-low", goddamn

ARE YOU RETARDED OR SOMETHING? _



datos personales

-Nombre y apellidos del personaje: Neil Lorcan Whittingslow.
-Sobrenombre: Señor Whittingslow, Lorry (sólo su esposa en momentos cariñosos)
-Raza: Humano - Caucásico.
-Edad: 44 años.
-Actividad: Socio principal en un bufete de abogados. Ejerce en él.
-Nacionalidad: Irlandés con raices inglesas.
-Orientación sexual: Heterosexual.
-Estado civil: Cornudamente casado en un segundo matrimonio.


aspecto y personalidad

-Descripción física:
Neil no es un hombre al que pesen en exceso los años, más allá de la barba canosa que empieza a adornar su prominente mentón. Sólo de echarle un vistazo ya puede entreverse que gozó en su tierna juventud de un atractivo elegante y masculino. Alto pero no en exceso, contempla el mundo desde su metro setenta y cinco con un par de profundos ojos de color verde apagado. Gran nariz, finos labios y mandíbula digna de recordarse, ahora oculta bajo una poblada barba que muta del moreno al plateado. Varón de espalda ancha y hombros rectos, jamás se lo verá -si puede evitarse- en algo que no sea camisa de puños abotonados. Efectivamente, la elegancia y el snobismo pueden ser considerados sus apellidos en tanto que desde su infancia fue acostumbrado al dinero y a la necesidad de comportarse y vestirse acorde con sus aspiraciones y capacidades económicas. El servicio militar y el regular deporte de su juventud dejaron un cuerpo fuerte que se contamina con cigarrillos y algún que otro puro. No, no tiene una marcada musculatura, pero la tuvo. No, su atractivo no hace que una horda de mujeres lo persiga, pero en su día lo hizo. A pesar de las duras circunstancias, procura bordar la pulcritud en medida de lo posible. Su barba controlada ha empezado a tener vida propia y se expande como le viene en gana. Fuera de eso, parece un adulto bien plantado como cualquier otro en excepción, también, de su modus operandi antiguo.

-Descripción psicológica:
La seriedad, la diplomacia, la profesionalidad, la disciplina y la madurez en un mismo hombre. Neil, popularmente conocido como Señor Whittingslow, hace muchos años que dejó de ser un niño, un joven, un vividor y un bohemio soñador lleno de ideales liberales. Es un hombre de pelo en pecho, con los pies en la tierra y una mano en cada bolsillo para que nadie saque un centavo de sus bolsillos. Entregado a su trabajo de un modo casi obsesivo, pasa la mayor parte del tiempo con el teléfono pegado a la oreja sin importarle un carajo dejar a alguien con la palabra en la boca. Primero el trabajo, luego los demás. Lo educaron para colaborar en la nombrada sociedad del bienestar y no se guarda de darlo todo para que a los suyos nunca les falte de nada. ¿Altruismo? ¿Muestra de cariño? ¿Simple manera de evitar conflictos familiares? Nunca se sabrá, mas no es difícil de notar que no tiene tiempo para aquellos que lo llaman querido, papá o padre.

Más bien serio, suele esconderse tras una máscara de impasible indiferencia que año tras año se va envejeciendo sin que su segunda y actual esposa pueda evitarlo. Uno de los pocos adultos que puede decirse, con toda seguridad, que perdió el niño que todos llevamos dentro para crecer demasiado deprisa y tomar las riendas de un mundo demasiado lleno de soñadores e idealistas. No soporta los vagos y todos aquellos que no dan pie en bola o que no se esfuerzan para lograr sus metas. Lleva una vida esforzándose por cada cosa que ha querido, y peleado hasta lograrla, por lo que es el perfecto ejemplo de que en la persistencia está el éxito. En la persistencia y, tal vez, en la amoralidad. Ejerce como abogado, y muy a menudo como abogado del diablo. Sus clientes no suelen ser mujercitas que piden ser indemnizadas por que les hayan atropellado al perro; sino grandes empresas que, sudando capital, quieren que Neil solucione sus crisis de reputación ante la prensa y los potenciales clientes. Rey de la tergiversación y maestro en el arte de la persuasión. Nació con un don para la palabra, y su profunda oratoria lo convierte en alguien imbatible.

No le tiembla el pulso a la hora de firmar una testificación que hunda deliberadamente a una pequeña empresa que no cometió error alguno que no fuera ser la oposición y rival de Neil en un juicio. Algunos dicen que no tiene remordimientos, otros que perdió los escrúpulos junto a su primera mujer. ¿Qué hay de malo en que, en el ángulo de la vida, haya escogido ser la bisectriz? Precavido; no apuesta si sabe que no tiene opciones de ganar. Lo mira todo con ojo analítico, siendo capaz de sospesar todas las posibilidades en cuestión de segundos hasta ofrecer la mejor respuesta en el mejor momento. Intimida. Intimida y no precisamente poco. Su mirada se clava en los demás como dagas de frío hielo, logrando callar muchas bocas sin que esa sea la intención. Simplemente es su modo de mirar. Juzga a todo el mundo tan o más de lo que le juzgan a él. ¿Importarle? Nada más lejos: lleva el maquiavelismo en las venas y es consciente de que no hay nada más importante que estar en boca de la gente. Su reputación lo precede, y es así porque lleva años propiciándolo.

Gusta de ser centro de temores y adulaciones, menos cuando se encuentra rodeado de su familia, donde pasa a convertirse en un mueble más que esconde el rostro tras papeleo de todo tipo mientras una nube de humo lo rodea. Es frío y distante con ellos, a pesar de que no por eso les quiera menos. Aparentemente incapaz de interpretar las indirectas de las mujeres, especialmente si son referentes a temas incómodos o excesivamente comprometidos. Tal vez los evada, tal vez sea verdad que no lo percibe del modo esperado. Sea como fuere, Neil se caracteriza por decir diez palabras de cada cien que pronuncia su esposa, por quejarse en silencio de las prendas juveniles que ella le compra, por desatenderla física y emocionalmente, por seguirle los juegos y las disputas verbales y, no menos importante, por estar fielmente casado. Nunca sospesó el engaño como una posibilidad. Las mujeres no son su fuerte; tal vez lo fueron, pero siente que de algún modo, el trabajo lo llena más. Probablemente sea por que, en su trabajo, nadie le cuestiona nada. Es el rey del mambo, la enciclopedia andante de casos del bufete. Pero, en casa, no es más que un padre y marido inexperto lleno de inseguridades que lo vuelven brusco y poco consentidor.


currículum vitae

Historia:
Natal de Belfast, capital de Irlanda del Norte, Neil nació un par de años después de su hermano mayor, Leon, de la unión entre un irlandés y una inglesa. El señor y la señora Whittingslaw eran un matrimonio corriente y bienestante, que gracias al apellido del padre de los muchachos supieron hacerse un hueco en la alta cuna irlandesa. Criaron a sus hijos bajo estrictos parámetros cristiano-practicantes y siempre les dieron las mejores cartas para enseñarles cómo jugarlas para ser alguien importante en un futuro no tan lejano. La infancia de Neil no fue especialmente diferente a la de cualquier otro chico de familia rica. Apuntado desde los nueve años a clase de piano, se adentró a temprana edad en la literatura freudiana y en la aritmética. Mientras todos los niños decían querer ser futbolistas o bomberos, él decía que quería ser presidente.

Siempre con su hermano mayor como mejor amigo y patrón, Neil creció como un muchacho excepcionalmente correcto y educado, pero con serios problemas para relacionarse con los demás y, especialmente, con las chicas. Digamos que no era un chico atractivo ni atlético, y por ello, se cerró en banda y no fue hasta los diecisiete en que empezó a tomar conciencia de que tenía algún tipo de encanto que atraía a las mujeres. Sus notas siempre fueron excepcionales, como las de Leon, pero fue más afortunado en tanto que logró reducir sus años de servicio militar a unos pocos meses, justificando dolencias físicas incurables. Aprovechó aquella ventaja para entrar en la Facultad de Derecho de Londres, abandonando así su preciada Irlanda. Cursó cinco excepcionales años de licenciatura en derecho y se graduó con condecoraciones junto a la que se convertiría en su segunda a bordo: Dianne Franklyn, una muchacha de sonrisa alegre y magnetismo social.

Pasó un par de largos años de noviazgo con ella hasta que quedó embarazada y decidieron dar el paso hacia el altar. Meses antes del nacimiento de su primogénito, Quentin, Neil daba el sí quiero frente a una esposa con vestido nupcial premamá. Su matrimonio fue feliz, para qué negarlo. Estaban bien juntos, se entendían hablando de casos jurídicos aparentemente sin solución. Cuando Neil tenía ya los 27, tuvieron a su segundo hijo, Vaslav. Le pusieron un nombre ruso por la afición de Dianne al ballet ruso y al bailarín Vaslav Nijinsky. Tenían su propia casa a las afueras de Manchester y todo parecía ir sobre ruedas. Neil se asoció con un par de importantes letrados y formaron un bufete privado que no tardó en salir a la superficie del mercado de asesoría jurídica. Ganaba mucho dinero, pero, por algún motivo que desconoce a día de hoy, tras tener a su tercer varón: Neil Jr, Dianne lo dejó. Alegaba que ambos tenían vidas muy ajetreadas y que el amor había terminado. Fue un duro golpe para un Neil que se refugió en el trabajo y no dudó en volverse un implacable hijo de puta que dejó a su ex-mujer sin un centavo. Se volvió duro.

Dicen algunos que, tras que los periódicos dieran cobertura a la noticia del divorcio de los dos importantes abogados, el señor Whittingslow se volvió agresivo en los juicios. No en sentido literal, sino metafórico. Dejó la empatía, la moralidad, la ética a un lado para centrarse en ganar, ganar y ganar. Dinero, reputación, casos, miedo. Lo que fuera. Cuando las cosas se calmaron un poco, y cuidando él -y niñeras- de sus tres muchachos, conoció en un club de golf a la que sería el segundo amor de su vida: Felicity. Ella le tiró el café por encima y él no se molestó como lo habría hecho en otras ocasiones. Charlaron, se conocieron, intercambiaron teléfonos y a los pocos meses ya paseaban del brazo por los parques de Londres. Muy a pesar de que Felicity no pareciera sentir apego por sus chicos, y empujado por una fuerza mayor desconocida, le propuso matrimonio a los doce meses y un día de estar juntos. Ella aceptó, se sonrieron, y meses después, en el vientre de su amada Fee crecía la pequeña Soshanna. La única hija que tiene hoy día y su bien más consentido.

Con un par de alianzas luciendo en sus dedos anulares -mencionar que el de ella con un buen pedrusco incrustado- se abrieron camino hacia la vida de casados. Cuidando como bien podían, o más bien malcriando como bien podían, a sus ahora cuatro hijos, pasaron ya diez años de su matrimonio. Él, pecando de trabajador, ella pecando de infiel. Sus votos quedaron en el olvido pocos años después de embarcarse en aquella aventura, cayendo en la monotonía y dejando tanto la pasión como el diálogo en el olvido. Dos carcamales rondando los cuarenta que ni se entienden ni parecen querer entenderse. ¿Qué los mantiene juntos? Probablemente la deshonra que supondría para ella un divorcio y para Neil un segundo fracaso matrimonial. Por no hablar de los muchachos. Así que, por esa regla de tres, van aguantando cada uno como quiere, solos y revueltos en un mejunje que algunos llaman matrimonio fracasado. Eso sí, en terapia de pareja.

Terapia que los mandó a ambos a tomarse unas vacaciones de pareja que ninguno de los dos osa llamar segunda luna de miel. El vagón 7, primera clase. La créme de la créme para una pareja de renombre con problemas arcaicos, cotidianos y, la mayoría de ellos, de lo más ridículos.

Familia:
árbol genealógico:


→ Allen Arnauld Whittingslow -padre- 80 años.
→ Marjorie Erzbetha Whittingslow -madre- 76 años.
→ Leon Declan Whittingslow -hermano mayor- 46 años.
→ Dianne Adéle Franklyn -ex-mujer- 39 años
→ Quentin Eliah Whittingslow -hijo mayor del primer matrimonio- 21 años.
→ Vaslav Abraham Whittingslow -hijo mediano del primer matrimonio- 17 años.
→ Neil Jr. Dylan Whittingslow -hijo menor del primer matrimonio- 12 años.
→ Felicity Norah Whittingslow -actual mujer- 38 años.
→ Soshanna Alexandra Whittingslow -hija de su segundo matrimonio- 9 años.


¡extra, extra!

Nivel de adquisitivo: Ganaba una suma generosa de dinero al mes. Digamos que podía pertenecer perfectamente a la alta sociedad y que su renta capital era bastante por encima de la media. Para que nos entendamos, se limpia el culo con billetes.

Pertenencias:
→ Unas cuantas mudas compuestas de camisas, camisetas interiores, corbatas, chaquetas y pantalones. También calcetines, calzoncillos blancos y un par de lustrosos zapatos.
→ Papeleo diverso: casos del bufete a revisar, crucigramas, el periódico...
→ Una pluma estilográfica que, según él, le trae suerte y fortuna.
→ Una cajita metálica donde guarda los cigarrillos perfectamente alineados.
→ Utensilios de higiene, tres cuartas partes cosas inservibles que su esposa ha colocado.

Enfermedades: Aparte de problemas de tensión baja, poco más. Nada relevante a tener en cuenta. A pesar de ello, toma pastillas para no tener sustos. (Su esposa lo obliga)

Antecedentes: Sus más allegados saben que no es agua clara y que en sus casos ha defendido el bienestar económico de sus clientes por encima de la moralidad y la ética. Vamos, que carga a la espalda con todo tipo de engaños a la prensa y a los ciudadanos bretones. Claro que, oficialmente, está limpio de toda mancha en su expediente. La policía nunca podrá ficharlo. Hace su trabajo.

Manías o Trastornos:
→ Toquetearse el mentón y sorprenderse cuando se pincha con la barba.
→ Corregir la pronunciación de su apellido hasta que se harta y maldice.
→ Peinarse las cejas con la yema del dedo índice cuando está pensativo.
→ Cada diez minutos tiene que revisar los cuatro teléfonos que lleva encima.
→ Analizar todo lo que sucede a su alrededor, sin dejar de parecer distraído.

Fobias:
→ Tiene auténtico pavor a la pobreza y a perder todo por lo que ha luchado años y años.
→ No le hacen ninguna gracia los gatos, y mucho menos la reacción alérgica que les tiene.
→ Aunque no se haya dado cuenta, teme un segundo divorcio. Y bastante.
→ Siente una profunda aversión por toda la ropa juvenil que Felicity le compra.

Gustos:
→ El café excesivamente cargado, alega que lo ayuda a aclarar las ideas de buena mañana.
→ Dejarse la barba; es algo que ha empezado a hacer recientemente y se siente a gusto.
→ Tener dinero para pagar cualquier capricho sin tener que estrecharse el cinturón.
→ La reputación: lo es todo. Vive por y para ganarse una reputación de tiburón en los juzgados.
→ Hace mucho, mucho tiempo, disfrutaba con sus hijos pequeños inventando cuentos.
→ Ganar. Ganar. Ganar. Casos, apuestas, lo que sea. La cosa es sentirse ligeramente superior.
→ La música de sus años mozos, especialmente las baladas con piano.
→ La literatura de Oscar Wilde, Béquer, Nietzsche y Edgar Allan Poe.
→ Los cigarrillos, el vino, y todos esos pequeños vicios de la clase alta de hoy día.

-Extra:
Religión: Cristiano practicante puntual, cuando las cosas se tuercen.
Habilidades: Aunque pocos lo sepan, es todo un as imitando voces. Sabe tocar el piano y no, no se llega a la nariz con la lengua.
Deportes: Fue campeón de cricket en sus años mozos. Ahora practica la caza furtiva.
Mascotas: Tiene alergia a los gatos, así que tiene a dos sabuesos de caza, llamados Holmes y Watson. Además, cree recordar que su esposa tiene un par de aves, pero no sabe ni sus nombres ni su raza. Apenas los tiene en cuenta.
Idiomas: Inglés, por parte de madre. Irlandés, por parte de padre. Chapurrea algo de alemán, ruso y español, por motivos empresariales.
Estudios: Licenciado en Derecho con un posterior Doctorado en asesoría de gestión de crisis.

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Re: Neil Lorcan Whittingslow.

Mensaje por Azul el Miér Nov 23, 2011 6:20 am


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